domingo, 18 de octubre de 2009

Autobiografía No Autorizada Parte 1

Mis nombres son Enrique, Juan y Pablo, puede resultar divertido por un tiempo llamarme así, más de treinta años de cargar estos nombres me han hecho inmune a cualquier tipo de bromas; sin embargo detesto que me llamen por mi apellido.
Para la ley nací el jueves 15 de marzo de 1979 a las nueve de la mañana, a través de cesarea teniendo ocho meses de gestación (dicen que los ochomesinos viven pocos años), era una bestia de casi 4 kilos en el útero de una mujer que padecía problemas cardíacos, así que fuí inmaduro ad ovo. Me llamaron Enrique "gracias" al obstetra, y Juan Pablo en honor a cierto hombre santo polaco, un tal Karol Wojtila. Mi apellido fue aportado por un tal Don Herminio Ramón, carnicero de profesión; y a mi madre le toco aportar una cicatriz importante en su abdomen que mas de 20 años después terminó en histerectomia.
Mi conciencia nació recién a los tiernos tres años de edad, y aunque los recuerdos son escasos no han dejado de ser vívidos a traves del tiempo. A esa edad dije mi primer mala palabra: "boludo", también recuerdo que antes de decirla era pelirrojo. Después una gentil mano volando por encima de mi cabeza, gusto a sangre en la boca y olor a pelo chamuscado. Una bofetada de mi diligente madre me dejó caer sobre un bracero. Cuando mi pelo volvió a crecer era rubio. Dije mi segunda mala palabra a los quince.
Crecí en una casa de 2 habitaciones, cocina-comedor y dormitorio, bajo chapas de cinc y el baño apartado de la casa.. en un lugar peligroso para dos mujeres solas y un crío. Mi padre se había suicidado en el '81 sin que yo lo conociera; mi madre y mi hermana de 19 años alquilaban esa pequeña casa a dos cuadras de la Sociedad Rural.
A los cuatro años fui dejado al cuidado de Los Angeles Custodios, un orfanato católico. Dios dejó de crecer en mi interior ese día.
Guiso de menudos de pollo todos los días, mosquitos de noche, rezo a todas horas, penitencias por mirar fijo.. Me encerré dos días en el cuarto de juguetes (motín!) hasta que las monjas llamaron a mi familia, vino mi tío José Luis a buscarme, fue la primera y única vez en mi vida en que llamé papá a alguien.
Llegaron los cinco años, varicela y jardín de infantes.
Mis días eran sencillos, todos cálidos (no recuerdo ni un solo invierno de mi niñez) me levantaba temprano, desayunaba leche con cascarilla (me pregunto si alguien recuerda a qué sabe la cascarilla) y pan con mermelada, después mamá me vestía con el guardapolvos a cuadrillé, una corbata azul con mi nombre bordado. Me peinaba prolijamente un flequillo que hoy sería la envidia de cualquier flogger, me ponía asfixiante perfume y salíamos a la calle cargando una mochila también de cuadrille; adentro brillaban mis cuadernos forrados con papel araña azul, una cartuchera de Mazinger Z, un vacito de plástico naranja, mi cepillo de dientes y un pomito de Kolynos. Recuerdo que no tenia sacapuntas ni goma de borrar y que lloraba todos los días cada vez que mamá me dejaba, después de treinta minutos de caminata, en la puerta de la escuela. La Escuela Luz Vieyra Mendez. Mis compañeros, tan diferentes hoy en día cuando los veo: Horacio tiene menos de la mitad de pelo que yo, las Mellis (que siempre me ataban los cordones de las zapatillas porque yo no sabia) tienen el doble de ancho y otro pibe (cómo se lamaba?) hace años no se afeita, parece retrasado y camina balbuceando..
A los seis me enamoré por primera vez, mi primer amor platónico.. mi primer romance unilateral.
Pero eso es otra historia..

1 comentarios:

Me case con la lluvia dijo...

"-no recuerdo ni un solo invierno de mi niñez-"

Hermosa frase.

"Mazinger Z"

QQQQUEEEE GRANDE!

Me gusto mucho este blog jared siga posteando ^^

 
 
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