martes, 13 de abril de 2010

Capítulo III - (6ª Parte)

Olvidó cómo caminar antes de aprender a hacerlo nuevamente. Olvidó cómo comunicarse, olvido levantar la mirada del piso cuando lo nombraban. En ocaciones hasta olvidaba respirar.
Orestes era habitado asiduamente por los que no duermen; eran días de pesadillas contínuas en los que chillaba y embestia contra todo y su madre incluso. 
Esteban hibernaba, había desaparecido en su propia conciencia, aletargado. Cada vez más a menudo nudosas almas lo azotaban y se sumergian en la mirada vaga de Orestes. No muchos se sentian satisfechos de encontrarse en el cuerpo tan pequeño y proyectaban esa frustración lastimando el cuerpo que poseian momentaneamente.
Antes de que Orestes cumpiera los dos años se mudaron a Casa Nunes; Rodrigo se había marchado hacía un tiempo, muy a pesar de la persuasiva posición de Alfredo, que no concebía la situación de su única hija como una viuda, inestable y madre de un crío autista.


Casi como una rutina diaria sentaba a su nieto sobre la falda y abandonaba su lengua a la memoria. Recitandole viejos poemas se reencontraba con palabras fantasma que habian escapado de su boca décadas atrás, a veces se sorprendía al amanecer ensayando lo que le diría más tarde al pequeño.
Esa mañana en la galería sur de Casa Nunes, la mansión familiar, Alfredo miraba los ojos de Orestes mientras susurraba pausadamente:


- Sabés muchacho, primero perdés sosiego amniótico, el arnés umbilical que te daba sustento y los dientes se derriten en tu boca como caramelos y la inocencia se ahoga en besos. Perdés tus mascotas, luego tus juguetes te olvidan y perdés el miedo. Perdés la confianza y la virginidad, tus amigos y tu familia, perdés la dignidad de decir NO.
Perdés la vergüenza, olvidás tus amantes y amas. Perdés la capacidad de perdonar. Perdés la cabeza, la conciencia, y ebrio de sombras olvidás tu integridad en algún bar. Perdés la líbido y la confianza en vos mismo. Perdés la fe buscando en los cielos vacios, y después te vas.. cuando no queda nada, nada más. Y en eso consiste la vida, muchacho. Un hombre sueña solo para concretar o fracasar en sus sueños, pero aún consiguiéndolo.. solo cuando llegue su final se sentirá completo, porque habrá retornado a si mismo.. entiendes?
- Si - respondió Esteban desde adentro.
Alfredo reaccionó con estupor, dejó de sostener a su nieto que cayó sobre el piso flotante de la galería. El chico no lloró, se inclinó y lo miró desafiante.


Cuántas veces le había hablado de aquella manera? Cuánto le había confesado sin que Orestes diera muestra plena de conocimiento sobre lo que él decia? Después de todo eran las palabras de un hombre de calle y putas para un crío inocuo, pero la mirada en los ojos del chico lo contrarió. 
Le estaba diciendo "conozco tus secretos viejo pillo".
Cuánto le había contado distraídamente sobre el asunto de su padre?
"Se que me mandaste matar, si es eso lo que dudas" pareció responder Orestes.
No podía dejar de mirarlo.
- Qué dijiste?
Orestes sonrió y se alejó correteando por la galeria hacía el parque de la casa.


"Todos somos tu alma" le habían dicho los que no duermen a Esteban. Ellos le habían contado todo lo que alguna vez habían escuchado decir a Alfredo, Oh ese viejo cabrón.. si quieres podemos sacudirle un poco..
Él había dicho:


- Es mío.

4 comentarios:

La Huida dijo...

Genial... Quiero mas!

Te juro me impresiona un poco, me lo imagino a Orestes poseído.Pobre bebé.

Besos

Mar dijo...

La descripción de la mirada y la sensación que ésta genera en el abuelo, es muy fiel. También tengo que decir que me impresiona.
Digo que es fiel, porque muchas veces los chicos te hacen sentir desnudos. Te miran como si pudieran ver que hay adentro tuyo. Uno trata de sonreir y ellos no responden. Saben que no estás sonriendo aunque un arco se dibuje en tu boca. Ellos saben, y no responden el gesto. Muchas veces me ponen nerviosa y me sorprende la capicidad de crueldad que tienen y demuestran.
Alguna vez leí que cuando nacemos, somos una tabula rasa, y que mediante las experiencias ciertas cosas se inscriben en nosotros.
Cuando miro a un chico a los ojos, me convenzo de que esto no es así. Tienen cierta frescura y espontaneidad, es cierto, pero esto los hace actuar muchas veces de forma muy hiriente, especialmente entre ellos.

Jimena con jota dijo...

"Perdés tus mascotas, luego tus juguetes te olvidan y perdés el miedo. Perdés la confianza y la virginidad, tus amigos y tu familia, perdés la dignidad de decir NO." Mi segmento preferido de esta narración, mueve muchas emociones internas.

Un beso

PauLita dijo...

"y los dientes se derriten en tu boca como caramelos" ya escuche eso antes.. de vos.

Lindo.. me gusta lo de perder..nada más cierto...
"perdés la dignidad de decir NO"...
me deja pensando.
besos

 
 
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